co.bas nació ante la necesidad de defender el sindicalismo de clase, el combativo, el binomio negociación-lucha

“co.bas nació hace 20 años ante la necesidad de defender el sindicalismo de clase, el combativo, el binomio negociación-lucha, porque nunca ha habido avance de derechos  sin luchas “.

Meri atiende nuestra llamada agradeciéndonos la voluntad de que no se pierda la experiencia de nuestra organización. “Nos dimos cuenta de que aferrarnos a unas siglas históricas cuya dirección nos vendía firmando acuerdos a espaldas de las asambleas de los trabajadores y trabajadoras, nos llevaba al entreguismo y al sindicalismo de gestoría y esto a su vez a la desmovilización. Conscientes de que lo importante era mantener el ideario que llevó a fundar el sindicalismo de clase, el combativo, y la propia historia del movimiento obrero, decidimos dar el salto para organizarnos en co.bas.”

La compañera remarca una y otra vez la importancia del sindicalismo de clase verdadero y las dificultades estructurales para su desarrollo: “La batalla va más allá de lo electoral, es ideológica“. Y continúa: “El sindicalismo burócrata y entreguista, ese del más vale un mal acuerdo que un buen pleito, ha sido el colaborador necesario para la desmovilización y desmotivación de la clase trabajadora”.

Meri es afectuosa, cariñosa, pero también firme y contundente. “Hoy más que nunca debemos movilizarnos si no queremos convertirnos en cómplices de toda esta realidad monstruosa que nos ofrece un capitalismo obsceno, ya sin careta y sin contrapeso alguno, que amenaza al mundo”.

A principios de los 80 aprobó las oposiciones de la Administración de Justicia y se encontró con una institución clasista, descuidada, con condiciones laborales deplorables. Su primer destino fue en una oficina situada en lo que había sido la cocina de la casa del ujier del palacio de justicia de su ciudad. “No quitaron ni el poyo ni el fregadero, así que allí colocábamos los autos y los legajos”. Ya desde el principio nos dimos cuenta de que aquella frase del dictador, “del todo atado y bien atado“, no era solo un dicho. La simbología y las corruptelas que vimos en esos primeros años nos llevó directamente a la lucha sindical”, afirma. “Eran habituales los crucifijos y hasta imágenes del rey vestido de militar en alguna dependencia judicial, algo supuestamente anticonstitucional”

No se crearon los Órganos de Representación de la Administración Pública hasta el año 1987. La administración heredada del franquismo no era un servicio público, sino una herramienta de la dictadura. Era evidente el desprecio al servicio público. “Nosotros defendíamos que la Administración de Justicia era un servicio público. La justicia emana del pueblo, dice la Constitución“, recuerda.  “Debíamos romper el concepto de funcionario que tenía claramente connotaciones franquistas, así que empezamos a definirnos como lo que éramos: empleadas públicas”, remarca.

En esos años 80 del pasado siglo entró a trabajar en las administraciones públicas mucha gente joven y, sobre todo muchas mujeres jóvenes, en un ámbito hasta entonces dirigido por hombres. “Hoy somos más mujeres, más juezas que jueces incluso, pero, sin embargo, seguimos siendo minoría en los órganos de máxima representación judicial. El salario dentro de la Administración Pública ha sido el mismo – ¡solo faltaba! – entre hombres y mujeres, pero es evidente que son ellos los que dirigen las altas instancias de la administración y que a nosotras las mujeres, nos cuesta todo el doble”, explica.

Con la Ley de Órganos de Representación aprobada, Meri se presentó en una plancha electoral, la primera vez en lista única. “Había que aunar y cohesionar a un colectivo que se estrenaba en tareas sindicales. Fue un éxito porque la gente nos eligió directamente en asambleas y en función del número de votos nos colocábamos en lista. Los compañeros y compañeras me colocaron la primera de la lista. Así afrontamos la lucha no solo contra el poder machista, sino también contra la indiferencia con la que trataban a los representantes legítimos de los y las trabajadoras. No ha habido transición real en Justicia”, asegura. Se emociona cuando revive la lucha inicial: “Todos los jueces, casi todos, venían de la escuela judicial creyéndose que eran el poder y la gloria, y que nosotras éramos sus empleadas particulares. Ponerlos en su sitio fue una tarea dura pero necesaria. Eran mayoritariamente machistas y de derechas. Planteamos una lucha sindical directa y sin achicarnos. La dignidad de todos los cuerpos que operan en Justicia era y es equiparable, así que cuando algún compañero se quejaba de trato denigrante de algún jefe o falta de respeto, les decíamos que por ellos no iríamos a ninguna parte, pero que con ellos iríamos hasta el fin del mundo. Y así logramos movilizarnos, desde la unidad y el compromiso personal de todos y todas “.

“A partir de la traición de la dirección de CCOO a los compañeros y compañeras de Telefónica, se creó co.bas”, nos cuenta. “La situación aquí era insostenible, teníamos un secretario general de Administración Pública que no estaba a la altura de las luchas que demandaba la plantilla de las instituciones en Canarias. Las peleas eran constantes y los procesos congresuales eran un conmigo o contra mí “, recuerda. Por eso, un año y medio después de la constitución de co.bas en Catalunya, se fundó co.bas Canarias. Explica: ”Llegamos a ser sindicato representativo en la Mesa General de Admón. Pública y, aunque ahora – reconoce – tengamos las fuerzas mermadas, seguimos luchando por un sindicalismo combativo“.

En un terreno dominado por hombres, equilibrar la vida personal, profesional y militante implicaba mucho sacrificio y conflictos incluso con la familia y con la pareja, pero sabían que debían comprometerse. “Yo conocí a mi exmarido en las juventudes comunista, pero es que incluso en la militancia de izquierdas, tenían incrustados rasgos de machismo”, añade.

A la pregunta de qué momento marcó un antes y un después en su lucha sindical, nos explica que fueron muchas las huelgas generales y parciales vividas, pero hubo una crucial, la huelga  general del sector Judicial en Canarias, que duró  52 días: “Resistimos 52 días porque creamos una caja de resistencia que ya era caudalosa cuando empezamos la huelga, porque habíamos establecido, casi desde la constitución de la junta de personal en 1988, una cuota  de 100 pesetas, independientemente de la cuota de cada uno a su sindicato; era voluntaria, pero  se sumaron bastantes compañeras y compañeros, así que  cuando  llegamos a la huelga indefinida del año 2000, ya teníamos unos cuantos  miles de pesetas, y con ese colchón e iniciativas como fiestas, rifas o donaciones, logramos pagar casi los sueldos enteros a todo el personal en huelga, y eso que la huelga  fue seguida mayoritariamente. Esa lucha fue dura, muy dura, la Administración jugó con trampas y fueron unos auténticos canallas, pero finalmente conseguimos un acuerdo histórico. Todo ese trabajo de la huelga recayó fundamentalmente en los compañeros y compañeras de co.bas, que éramos mayoría y que trabajábamos siempre sin ningún liberado sindical, con las 40 horas que teníamos como representantes legítimos cumplíamos con nuestras labores sindicales, y éramos respetados por eso, porque estábamos en nuestros puestos de trabajo viviendo las contradicciones y las penurias con el resto de compas”.

El trabajo y la militancia de Meri durante aquella huelga le acarrearon un infarto y, paradójicamente, la obtención de la medalla al mérito de Justicia que entregaba el Gobierno de Canarias y que Meri accedió a recibir porque la habían solicitado todos los operadores jurídicos. Muchos de los acuerdos de esa huelga no fueron ejecutados alegando falta de presupuesto. “Quedó claro que las élites políticas en Canarias no tenían ningún interés en el buen funcionamiento de la Administración de Justicia”.

Meri no deja de vincular el trabajo político y el sindical como algo inseparable para mejorar las condiciones de vida y laborales, para obtener una mayor capacidad de presión e incidencia sobre los gobiernos y lograr políticas que beneficien a la clase trabajadora. Insiste: “El sindicato es una herramienta para los y las trabajadoras, no debemos dejar que las cúpulas sindicales burócratas, con liberados sindicales que trabajan para esa cúpula como si fuera una empresa, nos conviertan a nosotras, las y los currantes, en una herramienta para su propio beneficio”

Analiza la situación sindical indicando: “Estamos en un momento de fracaso ideológico, la gente no cree en nada y la desesperanza es tremenda; el cabreo es más controlable, pero la desesperanza es mucho más difícil de revertir. Son tiempos complicados, pero yo les diría a las compañeras más jóvenes que recuerden que son herederas de las luchas que con sangre, sudor y lágrimas lograron conquistar derechos que hoy se nos escapan de las manos, que sólo desde la confrontación y de la lucha combativa se obtienen logros”. Y apela también a la formación, como mujer y como sindicalista. 

“Hemos crecido y aguantado 20 años, es un éxito que estemos aquí.” Y concluye con orgullo: “No somos perfectos, pero somos gente honrada.”